Imagen Alpargata Naufraga
Somos Criollos

Rodrigo Llamozas

Mi vuelo de retorno a Caracas partía a las 6:55 PM, ET. Yo, previsor viajero que soy, me presenté, diligentemente, en el Aeropuerto Internacional de Miami a eso de las 4:30PM, claro, por lo de los vuelos llenos y eso. Mi hermano, que es burda de pilas, me dejó como a cinco cuadras de los counters de American Airlines. Mi maleta, vacía en el viaje de ida, pesaba más que Lelys. Todo por culpa de uno de los enemigos más fuertes de todo viajero a Mayami - LOS ENCARGOS DE LA GENTE!. Nada, pues tuve que caminar como una bestia ultra salvaje cargando mi maleta y mi morral, para descubrir que 'ALL POSITIONS ARE CLOSED', es decir, que todos los empleados estaban tomando la siesta, así que me tuve que regresar por donde vine y chequearme en la veinti-única que quedaba abierta (y que curiosamente no tenía casi gente en fila).

Una vez chequeado, listo y preparado, decidí acercarme a la puerta de embarque, D17. Al llegar allí, me topé con la primera sorpresa. Aquella vaina estaba llena de...de...VENEZOLANOS!!!!!! Gente con 7 y 8 cajas, sentados en el piso, niños gritando, celulares sonando y todo lo demás que nos identifica. Por supuesto, para un avión de unos 210 puestos, había unas 300 personas esperando embarcar. Cuando, por el parlante, avisaron que empezaríamos a embarcar a todas aquellas personas en primera clase, con niños o con dificultades para caminar, ZAS! todo el mundo se levanto, colgó sus celulares, recogió sus chamos, cargó con sus cajas y se lanzó en pos de saqueo de los asientos del avión.

Los pasajeros del avión hacia Rwanda se comportaron caballerosamente. Los turistas que regresaban a su nativa Sri Lanka, demostraron educación y civilización. Nosotros, una vez más, demostramos ser una pila de salvajes. Después de que el 'mozo' de American se quedara afónico de tanto pedir que se sentaran e hicieran orden, logró controlar a la multitud, comenzaron a abordar aquellos pasajeros sentados entre las filas 25 y 36, entre los que me encontraba yo (32A). La gente, sencillamente, empujaba, no hacia fila, se coleaban, me pegaban maletinazos y bolsazos. Por supuesto, como yo venia disfrazado de gringo (cachucha, sin afeitar, audífonos insertados en los oídos) la gente me miraba con recelo y me decía "Esquiusmi...mamaguevo". Al fin, al montarme en el Jet, me encontré con otra prueba inefable de Venezolaneidad. Los asientos en las filas inferiores a la 25 ya estaban parcialmente llenos! La gente, con asientos asignados al final del avión, por alguna razón que no he podido descifrar, montaba sus peroles en los compartimentos de las filas menores, para llenarlos antes de que se montaran el resto de sus compatriotas. Por supuesto, una vez instalado en mi asiento, mi vecino me pidió que cambiara de asiento con su esposa, sentada en la fila 36. Yo, caballero que soy, le respondí, muy sencillamente "Yes, no problem". Al sentarme en mi nueva locación, me di cuenta que estaba en la sección de fumadores. Yo no merecía el castigo de pasar tres horas inmerso en un baño turco con vapores de tabaco, dirigidos hacia mis fosas nasales por las inclementes ráfagas de aire acondicionado sobre mi cabeza.

Obviamente, como todo iba tan 'bien', lo lógico era que el vuelo estuviera, realmente, sobrevendido. Esperando a montar a los stand-by, a darle ubicación una vez en el avión, a lograr que la gente se sentara, se llegó, como consecuencia, a que el avión saliera con 45 minutos de retraso. Por fin despegamos, y todo iba relativamente bien. La película que nos tocaba ver, ID4, se 'desapareció' misteriosamente (hmmm?), así que tuvimos que conformarnos con una programación de ABC re-empaquetada. Llegó la hora de comer, y adivinen qué? Al llegar hasta la fila 36, la mia, ya se había terminado la comida! De todos modos, el refresco estaba eso, refrescante. Luego de unas 2 horas y media, cuando nos aproximábamos a Maiquetía, el piloto se recordó que se olvidó de solicitar planillas de inmigración (!!!). Bueno, que carajos, ya todo ha salido tan mal que qué importa, no? Aterrizamos en el aeropuerto y la gente, misteriosamente, ni aplaudió, ni cantó el himno nacional (será que no se lo sabían!). Todavía taxeando, el piloto, seguramente distraído, apagó el letrero de 'FASTEN SEAT BELT', a lo que unos diez Venezolanos, con un resorte en el culo, pegaron un salto mortal y comenzaron a bajar sus macundales de los compartimentos. El piloto, el co-piloto, el navegante, la tripulación y hasta Arturo Uslar Pietri, solicitaron, muy educadamente, en español entrecortado, que, por favor, se sentaran, que era la ley. Ante la ignorancia del publico, el capitán decidió frenar en seco el aparato a ver si alguno de los individuos se caía y fracturaba el coxis.

Ya estacionados, y como me encontraba en el último asiento de todo el avión, pude salir luego de unos veinticinco minutos. Por fortuna (o designio divino) no había nadie haciendo cola en inmigración (pregúntenme que se hizo todo el gentío?). Pasé raudo y veloz a recoger mi maleta, pero como eso funciona por pila y no por cola, al ser yo el primero en chequearme, fui el último en que le bajaran su equipaje. A Dios gracias y la Virgen, a partir de ese momento, y aun estando en Venezuela y rodeado de Venezolanos, todo salió bien. Llegué a mi casa como a la una y media, revisé mis mails. Respondí uno que otro y me eché a dormir.

Fin del cuento.

Por qué los Venezolanos somos así? Alguien sabe? Yo me considero muy Venezolano. Mi familia, aunque descendiente de españoles, lleva en este país más de 350 años, y sin embargo, no logro identificarme con esta gente! Por qué si tuvimos una educación similar (más no igual) se comportan tan distinto a mi? Y no soy yo, porque me corto las venas a que ninguno de ustedes es de esa subespecie. Y, entonces?