Imagen Alpargata Naufraga
Todo por un dedo.

Gilberto Pagua

Fue fuerte el golpe que me di en el dedo del pie, pero me la di de guapo y no quise ir a una clinica hasta que vi todos los tonos de morados en ese pequeño espacio de piel. Le pedi a un amigo que me llevara a una clinica ya que si tenia una fractura no iba a poder manejar de regreso. Realizamos el primer intento en la Policlinica Metropolitana donde, luego de una hora sentado en una camilla, veia como entraban y salian pacientes y yo al parecer me había puesto un manto magico de invisibilidad. Luego de acabar con un libro de crucigramas en tailandes nos fuimos e intentamos en la Policlinica La Floresta, en segundos estaba de nuevo sentado en una camilla con la diferencia que esta vez el cuarto era solo para mi. Enseguida llego un enfermero y tomo mis datos y me pregunto que me pasaba.

"Que bueno, voy a salir rapido de aqui", pensé. Pero no, estaba por descubrir el mundo lento (sobre todo lento) y secreto de las clinicas.

Descubrí que el hobbie favorito de todas las personas que trabajan en una clinica es tomar la tensión. Cada media hora llegaba alguien diferente y empezaba a inflar la manguita y luego de tomar la medición se iba sin anotar los datos en ningun lado. Llegue a pensar que el objetivo verdadero no era conocer mi pulso, mi sistoles y mi diastoles sino saber que numeros que se iban a jugar ese día en el triple y el terminal de la loteria. Me sentia como una de esas maquinas traganiqueles de los casinos y solo me faltaba sonar unas campanitas y decir JACKPOT!!!

Tambien descubri que los doctores son excelentes psicologos con poderosas herramientas sadisticas. Ellos te observan detenidamente, en cuestión de segundos descubren cuales son tus peores temores... y luego te los hacen vivir.

La primera doctora que me atendió me escrutó con mirada indiferente y en su mente pensó: "Este tiene cara de que le tiene miedo a las inyecciones". Y la pegó! Luego de su veredicto mental ordenó:

- Administrele AGSHUBAKUARIÑA INTRAVENOSA!

AAHHHHGGGGGG!!! De que mas puede ser sinonimo esa palabra sino de una aguja. Le prometi a la doctora que me iba a meter en psicoterapia en cuanto saliera de allí si me daba una segunda oportunidad. Le suplique que me diera una pastilla, jarabe, incienso, te, ramazos, vidrio molido o lo que fuera que hiciera el mismo efecto que la aguja que ordenó. Pero nada, impasible la doctora sentenció:

- Hay que ver que los hombres son bien cobardes.

Con mi orgullo de hombre magullado (como mi dedo) tuve que esperar a que la enfermera regresara con los elementos de tortura. En cuanto abrió el recipiente del cateter le pregunte:

- Esto es una clinica veterinaria?

Yo peso 70 kilos, y por el tamaño que tenía ese cateter de seguro habia sido fabricado para uso exclusivo de rinocerontes adultos. Seguro que me estiró la vena cuando logró colocarlo.

Luego de cumplir con su misión, la doctora se fue a jugarse los numeritos que le dio el tensiómetro y dio paso a un segundo doctor que si se dedico a mi pie y ordeno (al fin!!!), luego de dos horas de espera, las radiografias de rigor. "Salvado, caí en buenas manos", pensé... Que ingenuo soy algunas veces.

Luego de tomarme las placas y devolverme a mi aburrido cubiculo el doctor aparecía cada 7 y medio minutos, colocaba en su cara una sonrisa de apenado y preguntaba uno de mis datos personales. Será que tambien juegan a la loteria con el numero de cedula o con mi edad? Cuando los obtuvo todos desapareció por un buen rato.

Como me enteré que problema tenía en mi dedo? Por teléfono. En esa clinica existía una modernisima computadora donde los doctores llamaban a una extensión, daban su nombre (a manera de clave), luego daban una descripción del paciente y finalmente describian la dolencia. En cuestión de segundos la computadora emitia el diagnostico y el tratamiento. Excelente no? El unico detalle es que la computadora se llamaba Dr. Padrón, que era el traumatologo de guardia y que no se en que parte de la Vía Lactea se encontraba que no podía venir a atenderme.

Luego, el doctor con la información clasificada obtenida por la computadora se armó de valentía y ordenó a la enfermera:

- Traigame el material necesario para hacer una inmovilización!

A lo que la susodicha contesto:

- Y usted la va a ser!?

Lo que me asustó fue el tono de sorpresa, miedo y/o extrañez con que la enfermera emitió la frase. Imaginense a un ex-doctor trabajando en una carniceria o a un carnicero que sacó un titulo de medicina. Una de esas dos alternativas se me vino a la mente cuando vi a ese señor preparando la inmovilización y picando la gasa. Definitivamente el medidor de experiencia de ese galeno estaba en cero grados Kelvin. Ahora venia con una mirada parecida a la de los barberos cuando te cortan una oreja con la navaja, con la diferencia que este señor todavia no me habia hecho nada.

La inmovilización no fue para nada dolorosa (a dios gracias) y luego de recomendarme que volviera el lunes a consultar un traumatologo me soltaron a la jauría conformada por el personal de Administración encargada de cobrarme. Mi unica arma de defensa era un pequeño carnet del seguro, que de seguro se iban a reir al verlo, pero esa es otra historia para contar.